Ivonne Gómez
igomez@elnuevoherald.com
El Nuevo Herald
Para el doctor Juan Fitz, director del Departamento de Emergencias y Trauma, así como del Centro de Stroke de Covenant Medical Center, en Lubbock, Texas, todavía resulta paradójico que hace tres años su esposa, entonces de 41 años, durante una gala de beneficencia para el centro médico, sufriera una apoplejía.
“ Tenía un peso ideal, no tenía placa en las arterias y se había hecho su examen físico pocos meses antes; creo que el único riesgo que tenía era que usaba anticonceptivos’’, cuenta.
“Eso demuestra que una apoplejía puede ocurrir repentinamente y sin advertencia’’, agrega el especialista, quien como portavoz del Colegio Americano de Médicos de Emergencia (ACEP) decidió contar su experiencia, junto con su esposa para, a través de los diferentes medios de comunicación, crear conciencia a nivel nacional, sobre todo entre los hispanos.
Fitz ,de ascendencia mexicana, también llama la atención sobre la necesidad urgente de llamar al 911 tan pronto se presenten los primeros síntomas para poder tomar las respectivas medidas a tiempo.
El stroke o ataque cerebral es la cuarta causa de muerte entre los hispanos y se calcula que ocasiona, aproximadamente, un 25 por ciento de las muertes entre los hombres y un 33 por ciento entre las mujeres. Cada año ocurren aproximadamente 795,000 apoplejías en Estados Unidos.
Los estudios de ACEP también muestran que muchos latinos no reconocen los síntomas de un ataque cerebral. En una encuesta reciente se demostró además que están significativamente menos conscientes sobre la enfermedad comparado con los caucásicos.
Una apoplejía ocurre cuando un vaso sanguíneo que conduce sangre y oxígeno al cerebro resulta obstruido por placa o por un coágulo de sangre. Recibe el nombre de apoplejía isquémica aguda; también, cuando el vaso revienta se llama apoplejía hemorrágica, de acuerdo con Fitz. Como consecuencia, las dos destruyen hasta 1.9 millones de células del cerebro por minuto.
Por otra parte, al hecho se suman los datos de la Oficina de Salud de los Grupos Minoritarios que indican que los hispanos, entre los 35 y 64 años de edad, tienen mayores probabilidades de sufrir una apoplejía en comparación a los blancos no hispanos.
Se observó, además, que los hispanos que no hablan inglés, en comparación con aquellos que sí lo hablan, es menos probable que identifiquen los signos y síntomas de una apoplejía o que reconozcan la necesidad de la atención médica inmediata.
“Cuando ocurre una apoplejía cada minuto cuenta. En el caso de mi esposa Dina, corrimos a la sala de urgencias cuando comenzó a experimentar los primeros síntomas. Su cara comenzó a paralizarse y no era capaz de hablar, estuvo cerca de 30 segundos sin poder pronunciar palabra. Creemos que la rapidez con la que actuamos ayudó a su recuperación y a minimizar las consecuencias”, cuenta Fitz.
“Cuando sufrí el stroke supe inmediatamente que algo estaba mal. Por suerte tenía cerca de mí a otras personas que sabían cómo reaccionar”, destacó Dina. “Sin embargo, frecuentemente, las mujeres, especialmente las hispanas, tienden a ignorar los signos de advertencia y esperan que los síntomas desaparezcan. La mujer hispana suele darle prioridad a la salud de sus familiares, en vez de a la suya propia”, agregó.
Pero, aún si los síntomas desaparecen, es importante buscar ayuda médica, de acuerdo con la doctora Sandra M. Schneider, presidenta del ACEP.
De acuerdo con el doctor Fitz, en la emergencia, una de las primeras medidas puede ser ordenar CT Scan para diagnosticar el tipo de apoplejía y así determinar la posibilidad de administrar al paciente el medicamento conocido como TPA (Activador Tisular Plasminógeno) que ayuda a disolver los coágulos y a restaurar el flujo de sangre al cerebro. En el caso de una apoplejía por ruptura del vaso puede ser necesaria una intervención quirúrgica. •
Read more: http://www.elnuevoherald.com/2011/06/15/961141/en-la-apoplejia-cada-minuto-cuenta.html#ixzz1PMKYLovn
No hay comentarios:
Publicar un comentario