Sebastián A. Ríos
LA NACION
Natalia recuerda que cuando llegó a su casa encontró a su marido llorando. Javier había abierto el sobre con los resultados del estudio que explicaba por qué, a pesar de haber estado buscando ser padres por más de un año, el embarazo no llegaba. El diagnóstico era terminante: el espermograma no había hallado rastros de las células que producen los espermatozoides.
"Fue una revolución a nivel pareja. Yo quería gestar un hijo y él quería tener un hijo conmigo; la única solución que encontramos era recurrir a la donación de esperma. Yo siempre había querido que mis hijos tengan los ojos azules, hermosos, de mi marido", cuenta Natalia, que asegura que el acompañamiento psicoterapéutico que recibieron antes de someterse a técnicas de fertilización asistida fue crucial para aceptar una realidad tan difícil de manejar como es un diagnóstico de infertilidad.
"El no poder lograr un embarazo es una de las experiencias emocionales más difíciles que hay; duele tanto como la muerte de un padre -asegura el licenciado Darío Fernández, psicólogo especialista en medicina reproductiva del Cegyr-. Esto se debe a que es un problema médico que interrumpe un proyecto vital sumamente importante para la mayoría de las personas."
Hoy, Natalia y Javier tienen dos hijos -Luna, de 2 años, y Lautaro, de casi 3 meses-, posibles gracias a la donación de semen para los respectivos tratamientos de fertilización asistida. Todos los pasos del tratamiento que permitió concebir al más pequeño de la familia Fasson fueron registrados en un reality show realizado por el programa Utilísima, que registra el sube y baja emocional que atraviesan las parejas que recurrer a la medicina para acceder a la paternidad.
Sin cobertura
Al diagnóstico se suman otros factores de no menor impacto emocional. Uno es que los tratamientos son caros y no son cubiertos por obras sociales ni prepagas -a excepción de unas pocas jurisdicciones (ver Por una ley nacional)-, lo que aleja aún más la posibilidad de gestar un hijo.
"El tratamiento que necesitábamos costaba 25.000 pesos, y era un sólo intento, con el 50% de probabilidades de embarazo", cuenta Sandra Riera. Desde que tenía 16 años, en que recibió un diagnóstico de amenorrea primaria (ausencia de óvulos), Sandra sabe que no podrá quedar embarazada si no es a través de un tratamiento de fertilización con óvulos donados.
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